El 6 de mayo a las 18:00 os invitamos a la conferencia ‘Abatimiento y alegría’, que se celebrará dentro del nuevo ciclo «Historia de los siete pecados capitales y las siete virtudes».
La conferencia será impartida por el profesor Vidmantas Silyunas, doctor en Historia del Arte, Artista Emérito de la Federación Rusa, jefe del departamento de la Escuela-Estudio del Teatro de Arte de Moscú y caballero de la Orden del Mérito Civil.
El encuentro se realizará en línea, en ruso, con la traducción simultánea al español.
El abatimiento y la alegría, la tristeza y la diversión son dos polos eternos de nuestra vida. Ya en la Antigüedad se decía que el ser humano se inclina bien hacia el Demócrito que ríe, bien hacia el Heráclito que llora: el primero encuentra siempre razones convincentes para el optimismo, mientras que el segundo dispone de argumentos no menos sólidos para el pesimismo.
Uno de los primeros en describir el abatimiento como una enfermedad grave fue el célebre médico y filósofo griego Hipócrates, que lo asociaba a un exceso de bilis negra en el organismo. De hecho, la propia bilis negra se denomina en griego “melancolía”. Otro médico y filósofo, Galeno, también la consideraba la causa de este doloroso trastorno del alma. Con frecuencia, ese exceso de bilis se explicaba, además, como consecuencia de sufrimientos amorosos.
Los médicos árabes, entre los más destacados de la medicina medieval, siguiendo la tradición griega, sostenían que el trastorno melancólico podía aliviarse con paseos prolongados, vino y una vida sexual regular. Sin embargo, en los países cristianos estas recomendaciones no eran aceptadas: la Iglesia consideraba que la principal causa del abatimiento era el debilitamiento de la fe y, en consecuencia, llamaba a intensificar la oración y la acción de dar gracias a Dios.
El Renacimiento transformó la mirada sobre el abatimiento. Se observó entonces que la melancolía solía ser propia de personas excepcionales y dotadas de talento, y se consideraba que su mejor remedio era la alegría y la diversión.
Junto a las obras pictóricas que representan el abatimiento —Melancolía, de Alberto Durero (1514), Melancolía o la Magdalena penitente, de Domenico Fetti (1618), y otras— aparecen también imágenes de la felicidad: Amor recíptoco, de Agostino Carracci (1589) y La danza de Apolo con las musas (ca. 1540), de Giulio Romano.
Desde entonces, los artistas han recurrido de manera constante tanto a la alegría desbordante —El columpio (1767),de Jean-Honoré Fragonard, Baile en Bougival (1883), de Pierre-Auguste Renoir, Fiódor Chaliapin (1911), de Konstantin Korovin, así como las obras contemporáneas de Elena Krasnova—, como a la melancolía y la vivencia trágica de la existencia —Tropas de asalto avanzando bajo un ataque de gas (1924), de Otto Dix, Construcción blanda con judías hervidas (Premonición de la Guerra Civil) (1936), de Salvador Dalí y Sin esperanza (1945), de Frida Kahlo.
Durante nuestro encuentro analizaremos cómo la tristeza y la alegría encuentran expresión en la poesía, la prosa, el cine y el teatro.
Participación gratuita con inscripción previa.
