El 25 de marzo a las 18:00 os invitamos a la conferencia ‘Lujuria y castidad’, que se celebrará dentro del nuevo ciclo «Historia de los siete pecados capitales y las siete virtudes».
La conferencia será impartida por el profesor Vidmantas Silyunas, doctor en Historia del Arte, Artista Emérito de la Federación Rusa, jefe del departamento de la Escuela-Estudio del Teatro de Arte de Moscú y caballero de la Orden del Mérito Civil.
El encuentro se realizará en línea, en ruso, con la traducción simultánea al español.
Los conceptos de lujuria y castidad hoy pueden parecernos algo anticuado o carente de relevancia. Sin embargo, en las últimas semanas, en las noticias de televisión vuelven a mencionar una y otra vez el caso de Epstein. Este financiero y violador en serie reclutaba mujeres y niñas menores de edad para satisfacer la lujuria de los hombres, entre ellos políticos tan influyentes que su posible desenmascaramiento podría afectar no solo a su propio futuro, sino también al de distintos países.
Por supuesto, las ideas sobre la lujuria y la castidad han cambiado a lo largo de la historia. Lo que para los cristianos sería una profanación repugnante —por ejemplo, el coito colectivo en un templo—, en la antigua Babilonia se consideraba un ritual sagrado y grato a los dioses.
Durante el reinado de Calígula y Nerón, las orgías masivas se convirtieron en algo habitual en Roma, aunque su predecesor, el emperador Augusto, castigaba severamente estas prácticas y fomentaba la castidad.
Heinrich Heine observó que, tras las orgías descritas en el Satyricon de Petronio, debía imponerse el ayuno cristiano. Y, en efecto, la Iglesia cristiana condenaba la lujuria, considerando —siguiendo el Evangelio según Mateo— que no solo era pecado cometer adulterio, sino también mirar a una mujer con deseo.
La pureza de la novia y la rectitud moral de la esposa aseguraban que los bienes del marido los hereda un descendiente de sangre (como recuerda, por ejemplo, el culto al honor en España).
La castidad frecuentemente se exaltaba en el arte como símbolo de pureza de pensamiento y nobleza de sentimientos. Este ideal se materializa en la célebre escultura que Antonio Corradini realizó en 1752 para la capilla de San Severo en Nápoles.
La alegoría de la Inocencia es un monumento funerario dedicado a Cecilia Gaetani, madre del príncipe Raimondo di Sangro, que fue realizada por encargo de este como una escultura de gran maestría.
Mientras que Corradini representa la castidad como un ideal de belleza, el marqués de Sade la considera absurda y defiende el derecho a la lujuria; sin embargo, la lascivia que él proclama adopta formas verdaderamente monstruosas. A finales del siglo XIX y comienzos del XX, Beardsley retratará los sueños eróticos no de manera aterradora, sino con un elegante toque irónico.
A lo largo de nuestro próximo encuentro abordaremos cómo la lujuria y la castidad se reflejan en diversas culturas, en las manifestaciones artísticas y en el pensamiento religioso.
Participación gratuita con inscripción previa.
