El 3 de noviembre a las 18:00 os invitamos a la conferencia ‘Pedro Calderón de la Barca y Diego Velázquez’, que se celebrará dentro del nuevo ciclo «España del Siglo de Oro: acontecimientos, aventuras, misterios y obras maestras».
La conferencia será impartida por el profesor Vidmantas Silyunas, doctor en Historia del Arte, Artista Emérito de la Federación Rusa, jefe del departamento de la Escuela-Estudio del Teatro de Arte de Moscú y caballero de la Orden del Mérito Civil.
El encuentro se realizará en línea, en ruso, con la traducción simultánea al español.
En el centro de nuestro encuentro estarán el teatro de Calderón y la pintura de Velázquez, dos universos que, en los célebres autos sacramentales y en la legendaria obra Las meninas, convergen de manera sorprendente en unas mismas cuestiones: ¿dónde se encuentra la frontera entre la realidad y la ilusión?, ¿puede el ser humano cambiar su destino? y ¿puede el arte revelar aquello que permanece oculto a la mirada?
El Siglo de Oro español abarcó mucho más de un siglo: se extendió durante casi ciento cincuenta años, desde mediados del siglo XVI hasta las primeras décadas del XVIII. Fue una de las épocas más brillantes de la historia de Europa, un período marcado por los grandes descubrimientos geográficos, las guerras, las intrigas cortesanas y el extraordinario florecimiento de la literatura, el teatro y la pintura.
En esos años nacieron las obras inmortales de Cervantes, Lope de Vega y Calderón de la Barca, así como las obras maestras de El Greco, Ribera, Murillo y Velázquez.
El tema central del tercer encuentro serán las figuras de dos genios del Barroco español: Pedro Calderón de la Barca y Diego Velázquez. Pertenecieron a una misma época, pero cada uno, a su manera, quiso ir más allá de lo visible y convertir la creación artística en un espacio de reflexión sobre el ser humano, el destino, la libertad y el orden del mundo.
Nos acercaremos también a un aspecto menos conocido del legado de Calderón: su papel en la transformación no solo del teatro, sino también de la propia cultura festiva de la España barroca.
La celebración del Corpus Christi ocupaba un lugar destacado en la vida del país. Para esta festividad, Calderón escribía sus célebres autos sacramentales, piezas de carácter lírico y filosófico que se representaban en las plazas de las ciudades ante un público multitudinario.
Durante los días de fiesta, la ciudad entera se transformaba. Las calles se engalanaban y se cubrían de hierbas aromáticas, las fachadas de los edificios se revestían de grandes lienzos pintados y las solemnes procesiones reunían el rito religioso, el espectáculo popular y el ceremonial de la corte. En ellas participaban reyes y príncipes, se llevaban imágenes sagradas y, entre la multitud, aparecían personajes disfrazados y figuras festivas y traviesas.
A la procesión le seguía una representación que convertía el espacio urbano en un enorme escenario teatral. Volcanes surgían de la nada, los castillos se hundían bajo tierra y las cuestiones filosóficas más complejas —el destino y el libre albedrío, la lucha entre el bien y el mal, la libertad de elección— cobraban forma en imágenes espectaculares y, en ocasiones, fantásticas.
De Calderón pasaremos a Velázquez para adentrarnos en los enigmas de su pintura. Sus cuadros resisten una contemplación inagotable: cada nueva mirada permite descubrir detalles y significados que antes habían pasado inadvertidos. Nos detendremos especialmente en dos de las grandes obras de su trayectoria: Las hilanderas y Las meninas.
A primera vista, estamos ante espacios perfectamente reconocibles: un taller de tapices y el estudio de un pintor. Pero Velázquez los transforma en algo mucho más complejo. Sus composiciones no solo reflejan la vida cotidiana de la España del siglo XVII, sino también la estructura misma de aquel mundo: cortesano, artístico, social y cultural.
Participación gratuita con inscripción previa.
